La Construcción del Molde para Fundición a Presión: Guía Técnica
La construcción de un molde para fundición a presión es una disciplina de precisión que integra diseño mecánico, metalurgia, gestión térmica y tecnologías de mecanizado. Cada decisión constructiva influye directamente en la vida útil del molde, en la estabilidad dimensional de la pieza fundida y en la repetibilidad del proceso. A continuación, se analizan las etapas técnicas clave con un enfoque práctico, orientado al taller y al departamento técnico.
La construcción comienza con la descomposición del molde en subconjuntos funcionales, cada uno con requisitos específicos:
Placa portamolde (parte fija y móvil)
Insertos de cavidad y de macho
Carros laterales y bloques móviles
Sistemas de expulsión, refrigeración, colada y ventilación
La elección entre insertos integrales o montados es crucial:
Insertos montados: permiten un mantenimiento específico y sustituciones localizadas.
Insertos monobloque: garantizan mayor rigidez, pero incrementan costes y tiempos en caso de reparación.
La línea de partición (plano de cierre) debe diseñarse para minimizar las rebabas, garantizar un cierre estable bajo carga y reducir las operaciones de acabado posteriores al moldeo.
La selección de los aceros es uno de los factores más críticos. Los materiales deben elegirse en función de la aleación a colar, del ciclo térmico previsto y de la vida útil requerida.
Aceros 1.2343 / 1.2344 (H11 / H13): estándar para insertos de cavidad; ofrecen un excelente equilibrio entre resistencia térmica, tenacidad y maquinabilidad.
Acero 1.2367: indicado para zonas con alta solicitación termo-mecánica.
Aceros bonificados: utilizados para placas portamolde y placas estructurales.
Parámetros de evaluación: resistencia a la fatiga térmica (heat checking), conductividad térmica, respuesta a tratamientos superficiales y estabilidad dimensional después del temple.
En la fase de construcción es fundamental planificar correctamente las contracciones dimensionales acumulativas y las deformaciones debidas al tratamiento térmico.
Sobremetal típico para cavidades: +0,3 / +0,5 mm.
Acabado: las rectificaciones finales deben realizarse únicamente después del tratamiento térmico.
Ajustes: para carros y guías se recomiendan tolerancias H7–H8, con holguras calibradas para compensar las dilataciones térmicas.
Nota importante: tolerancias demasiado ajustadas suelen provocar agarrotamientos durante el funcionamiento en caliente.
Los canales de colada deben garantizar continuidad geométrica y secciones progresivas sin aristas vivas.
Mecanizado: se recomiendan ciclos CNC con herramientas específicas para evitar micro-escalones.
Pulido: debe ser funcional (orientado según el flujo), no puramente estético.
Ventilaciones: fundamentales para la calidad. Profundidad típica 0,02–0,05 mm (según la aleación), con anchura progresiva hacia el exterior para facilitar la evacuación de los gases.
La refrigeración es la parte más compleja de ejecutar. Un taladro incorrecto suele ser irreversible.
Geometría: mantener una distancia uniforme respecto a la superficie de la cavidad y evitar "zonas muertas".
Soluciones avanzadas: utilización de circuitos conformales (conformal cooling) o insertos en aleaciones de alta conductividad (p. ej., cobre-berilio) en zonas térmicamente críticas.
Debe garantizar una distribución uniforme de las fuerzas para evitar flexiones o roturas de la pieza fundida.
Componentes: pernos de expulsión templados y rectificados, guías pulidas y tratadas.
Holgura funcional: las holguras entre perno y orificio deben tener en cuenta la temperatura de funcionamiento; un ajuste perfecto en frío puede bloquearse en caliente.

El montaje constituye la verificación funcional final. Los controles esenciales incluyen:
Planitud de las superficies de cierre (verificación con azul de Prusia).
Deslizamiento de los carros y de los movimientos mecánicos (pruebas en seco).
Control dimensional 3D de las cavidades respecto al modelo matemático.
Conclusión técnica
La calidad de un molde para fundición a presión no depende de una única decisión, sino de la coherencia técnica de todas las fases constructivas. Materiales adecuados, tolerancias funcionales, refrigeración bien diseñada y montajes precisos son lo que distingue un molde "funcionante" de uno industrial, estable y duradero.